MOTIVACION Y APRENDIZAJE INFANTIL
La motivación es concebida, a menudo, como un impulso que
parte del organismo, como una atracción que emana del objeto y actúa sobre el
individuo. El psicólogo la considera como el aspecto dinámico de la relación de
un sujeto con el mundo. La motivación concierne a la dirección activa de la
conducta hacia ciertas categorías preferenciales de situaciones o de objetos. Las
conductas intrínsecamente motivadas, lejos de ser triviales y carentes de
importancia animan al individuo a buscar novedades y enfrentarse a retos y, al
hacerlo, satisfacer necesidades psicológicas importantes.
La motivación es la fuerza que nos mueve a realizar
actividades. Estamos motivados cuando tenemos la voluntad de hacer algo y,
además, somos capaces de perseverar en el esfuerzo que ese algo requiera
durante el tiempo necesario para conseguir el objetivo que nos hayamos
propuesto.
Si nos trasladamos al contexto educativo y consideramos el
carácter intencional de la conducta humana, parece bastante evidente que las
actitudes, percepciones, expectativas y representaciones que tenga el
estudiante de sí mismo, de la tarea a realizar, y de las metas que pretende
alcanzar, constituyen factores de primer orden que guían y dirigen la conducta
del estudiante. Pero para realizar un estudio completo e integrador de la
motivación, no sólo debemos tener en cuenta estas variables personales e
internas sino también aquellas otras externas, procedentes del contexto en el
que se desenvuelven los estudiantes, que los están influyendo y con los que
interactúan.
Tradicionalmente ha existido una separación casi absoluta
entre los aspectos cognitivos y los afectivo - motivacionales a la hora de
estudiar su influencia en el aprendizaje, en la actualidad, existe un creciente
interés en estudiar ambos tipos de componentes de forma integrada. "Se
puede afirmar que el aprendizaje se caracteriza como un proceso cognitivo y
motivacional a la vez" en consecuencia, para aprender es imprescindible
"poder" hacerlo, lo cual hace referencia a las capacidades, los
conocimientos, las estrategias, y las destrezas necesarias (componentes
cognitivos), pero además es necesario "querer" hacerlo, tener la
disposición, la intención y la motivación suficientes (componentes
motivacionales). Los especialistas más destacados en este tema opinan que, para
tener buenos resultados académicos, los alumnos necesitan poseer tanto
"voluntad" como "habilidad", lo que conduce a la necesidad
de integrar ambos aspectos.
Variables personales de la motivación
La
expectativa, que hace referencia a las creencias de los estudiantes, respecto a
sí mismos y frente a la realización de una determinada tarea.
que indica las metas de los estudiantes y sus
creencias sobre la importancia e interés por la tarea. Las metas de aprendizaje
elegidas dan lugar a diferentes modos de afrontar las tareas académicas y a
distintos patrones motivacionales. Ellas se pueden situar entre dos polos que
van desde una orientación extrínseca hasta una orientación intrínseca. Así,
mientras que unos estudiantes se mueven por el deseo de saber, curiosidad,
preferencia por el reto, interés por aprender, otros están orientados hacia la
consecución de metas extrínsecas como obtención de notas, recompensas, juicios
positivos, aprobación de padres y profesores y evasión de las valoraciones
negativas.
Variables Compuestas de la motivacion
Es un hecho constatado que las interacciones sociales que el
estudiante mantiene con los otros significativos (padres, profesores y
compañeros) tienen importancia en el desarrollo del autoconcepto. Dicha
información lo condiciona a desarrollar, mantener y/o modificar la imagen que
tiene de sí mismo, la que repercutirá inevitablemente en su motivación y
rendimiento académico. Podemos afirmar que tanto la actuación del profesor como
las interacciones académicas y sociales de los estudiantes juegan un papel
importante en el desarrollo del autoconcepto.
Metas, necesidades y creencias para apoyar la motivación
Metas y motivación. Las metas incrementan la motivación si
son específicas, moderadamente difíciles y susceptibles de alcanzar en el
futuro cercano. Hay una diferencia importante entre las metas del desempeño (la
intención de parecer inteligente o capaz ante otras personas) y las metas del
aprendizaje (la intención de obtener conocimientos y dominar las habilidades).
Los estudiantes que están motivados por aprender establecen
metas de aprendizaje más que de desempeñó y se preocupan por aprender más que
por mostrar un buen resultado. A fin de que el establecimiento de metas sea
efectivo en el aula, los estudiantes necesitan retroalimentación precisa acerca
de su progreso hacia las metas.
Los
profesores pueden contribuir a la asignación de atribuciones por la manera en
que responden al trabajo de los estudiantes. Por ejemplo, proporcionar ayuda no
solicitada puede comunicar a los estudiantes que carecen de la habilidad para
realizar el trabajo. Cuando las personas piensan que la aptitud es fija,
tienden a establecer metas de desempeño y a esforzarse por protegerse del
fracaso. Sin embargo, cuando las personas piensan que la aptitud es mejorable,
tienden a establecer metas de aprendizaje y a manejar el fracaso de modo
constructivo. Al parecer, un bajo sentido de interés por sí mismo se asocia con
estrategias de evitar el fracaso, invirtiéndose mucha energía en protegerse de
sus consecuencias. Estas estrategias pueden dar la impresión de ayudar en el
corto plazo, pero son nocivas para la motivación y autoestima en el largo
plazo.
Motivación por el Aprendizaje
No se trata de motivar a los estudiantes, sino, más bien, de
crear un ambiente que les permita motivarse a sí mismos. Tiene mucho más
sentido centrar nuestro interés en el entorno o en la situación de aprendizaje,
que tratar de provocar un cambio directo sobre los componentes personales de
los estudiantes. Se deben seleccionar aquellas actividades o situaciones de
aprendizaje que ofrezcan retos y desafíos razonables por su novedad, variedad o
diversidad; se debe ayudar a los estudiantes en la toma de decisiones, fomentar
su responsabilidad e independencia y desarrollar sus habilidades de
autocontrol.
Se reconocen seis áreas en que las que los profesores toman
decisiones que pueden influir en la motivación para aprender de los
estudiantes: la naturaleza de la tarea que se pide a los estudiantes que
realicen, la autonomía que se permite a los estudiantes en el trabajo, la
manera en que se reconocen los logros de los estudiantes, el trabajo en grupo,
los procedimientos de evaluación y la programación del tiempo en el aula.
Toda tarea tiene uno de tres tipos de valor para los
estudiantes:
El valor de la realización, o la importancia de hacer bien
la tarea.
El valor intrínseco o el interés por el placer que se
obtiene de la actividad como tal.
El valor de utilidad, porque la tarea nos ayuda a alcanzar
una meta de corto o a largo plazo.
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